sábado, 11 de enero de 2014

Tú traduces a poesía mis ganas de hacerte cosas poco poéticas.


De pronto
tienes un verso entre los dientes,
una rima enredada en el pelo,
una asonancia entre tu risa y mi latido,
un soneto entero hecho de ti
sin estructura ni orden ni final,
pero perfecto y absoluto
como el frío contactando con mis mejillas ardiendo.

De pronto
conozco toda tu piel con tocarte las manos,
y tus miedos a todo lo temible,
tu forma de andar sin saber por qué te mueves,
tu prisa por ser aquel que vive lento,
tus reservas de ternura para un amor de emergencia,
tu desconocimiento total de emergencia alguna.

De pronto
tu frescura me quema todas las excusas
y me limito a mirarte la esencia,
los labios,
la risa,
la pena,
la máscara,
la voz,
la clavícula,
la marca en tu cuello,
el culo,
podría condenarme por ese culo,
y después de todo,

de pronto,

entiendo qué quiere decir Neruda
con eso de que se la tiraría como a un cerezo,

porque me gustas de todas las formas
en las que puedo quedarme callada
estando como ausente
cuando pasas.

Podría follarte durante toda una noche,
y a la mañana siguiente tendría ganas de hacerte un poema.

viernes, 27 de diciembre de 2013

El cristal.




Me ha asaltado mi reflejo en un escaparate mientras andaba con el rostro enterrado en la bufanda, clavando la vista en el suelo, mecanizando mis pasos para no tropezar con nadie. Como un disparo por sorpresa entre los ojos, un puñetazo en la garganta que te roba el aire, una nueva bomba de Hiroshima. Lo he visto de reojo, otra figura más caminando veloz sin tener realmente claro de qué estoy huyendo, y ni siquiera me he reconocido. He cruzado la mirada conmigo misma durante una fracción de segundo, en un parpadeo tan lento como una vida, y mi mente ha identificado mis facciones, mi estatura, mi pelo, mi ropa; ha comparado a esa persona, a esa sombra borrosa rodeada de luces, y ha susurrado que soy yo.
Es mentira.
He dejado de existir hace mucho tiempo.

Me pregunto si la mayoría de edad que no tengo en mi carnet se me ha instalado envejecida entre los labios. Me siento sonreír como si hubiera agotado todo el tiempo en un grito, y fuera una carcasa vacía demasiado prematura como para llenarse de nuevo. Estar cansada al despertar por las mañanas es sólo una forma de expresar que he tenido el alma en vela ocho horas.

Vivo rodeada de malos recuerdos, de decisiones rápidas y baratas, de dolor sedado en los pulmones. A veces cuando respiro lo noto temblar como cuchillos, y necesito otra capa más de indiferencia para mantener la expresión en su sitio. Las pesadillas no parecen tan malas cuando tengo que abrir la puerta y salir por la mañana con la alegría pintada a prisa y corriendo. Ni siquiera puedo ser muy feliz por si se me desgasta entre clase y clase.

Hoy me han saludado diciendo que estoy triste.
Que se me nota en los ojos.
La pena.
Que no le mienta, que no me esconda, que no retroceda.
Diga lo que diga, mis ojos también hablan.
De pronto ha hecho más frío. Han caído las temperaturas en perfecta coordinación con mis defensas, pero he sido la única que ha notado el viento helado en la piel bajo los cuatro jerséis.

La tristeza es un arte vestido de negro impoluto.
Yo sólo estoy perdida.

miércoles, 25 de diciembre de 2013

La coherencia es una de las palabras más graciosas del diccionario porque somos capaces de nombrar algo que no existe.


Estoy gastando en sonrisas las esperanzas que guardo bajo el colchón,
los ahorros de toda una vida de decepciones y golpes contra el mismo invierno,
pero la tristeza permanece enredada en mi pecho,
como la medalla de oro de un juego ilegal y peligroso,
una loca competición entre sombras para ver quién resiste más a oscuras.
Mis recuerdos son mi forma de hacer trampas, porque qué miedo puedo tenerle a la oscuridad
si el monstruo del espejo sólo me mira a los ojos al encender las luces.
Confieso que puede que ya tenga la cuenta de alegrías en números rojos,
pero endeudarme el alma en una mentira es una forma de morir
tan buena, como cualquier otra que deje dormir a mi madre por las noches,
mientras yo escribo,
(al amanecer, el humo ha llenado la habitación, pero mi respiración continúa vacía).

Esta situación no es de locos,
porque puedo asegurar que no somos capaces de mantener ni las situaciones,
pero es curioso el parecido que tiene con volarse la cabeza sobre la encimera
muchas veces
la tarde del estreno,
dejando una butaca vacía en un mar de gente que no atiende a la obra,
pensando en aquel irresponsable que se ha olvidado de ir después de pagar la entrada.
Aclaración: amar también es una forma de suicidio.
La sociedad está diseñada para pensar lo peor de todo en el menor tiempo posible,
así que si vamos a escandalizar, que sea haciendo mucho ruido,
aunque no puedan oírnos.

Y sí, estudiarnos la piel a cámara lenta es tan solo una excusa
para no tener que preguntarnos si nos dan miedo las alturas
justo cuando hemos recorrido la mitad de la caída libre.
La mejor forma de cicatrizar un mal trago
es pegarle siete a la botella antes de vaciarla sobre la herida,
incluso antes de notar el filo atravesar tus buenas intenciones,
porque las mías las llevo ya hechas jirones sobre las frases educadas,
y estaré muy jodida, sí, pero al menos también estoy borracha.
Me persiguen los susurros de las señoras mientras camino,
diciendo que llevo puesta muy poca hipocresía para lo falso que es este tiempo,
que se me ve toda la pena por detrás de las apariencias si doy un par de pasos,
y parece que voy buscando alguien con quien ser sincera, como una puta muy poética.

Lo mejor de todo es que no tengo ni idea de qué debo hacer,
apretando los puños de las mangas para fingir ser una persona normal,
mientras voy dando tumbos por los corazones de la gente que se acerca a olvidarme rápido,
sacando todos los miedos de los cajones de la seguridad interior,
y huyendo antes de tener que enfrentarme a ellos con los dedos vacíos,
porque éso se combate teniendo la mente en blanco,
y antes de un parpadeo ya estoy escribiendo en ella.


Puede que la Navidad me ponga triste porque no sé querer a nadie.

martes, 17 de diciembre de 2013

La educación de los ateos.


Quizá es que siempre he visto el amor
como el folleto que te da por la calle
el mismo hombre casi muerto de frío,
con la sonrisa cansada de siempre,
el "gracias" con la mirada ausente
y el sueldo que nunca llega para alimentar a los dos críos.
Ese folleto que coges por educación,
por despiste,
por mecanicismo,
por no saber negarte,
por pena,
y finges que observas interesado
hasta que puedes tirarlo sin que te vea,
quince paso más allá.

Mi propósito de año nuevo
es callarme todas las cosas que debería decir para ser feliz.

Ahora una piel para mí,
es una piel.
Los ojos miran,
los labios se mueven,
el corazón bombea.
Podría jurar que antes creía en algo
que tenía que ver con tener fe
ilusión,
cariño,
esperanza,
humanidad;
con algo que te iluminaba las venas
y notabas la corriente llegarte al pecho;
con una sonrisa de medio lado
disimulada en la bufanda,
y el aire atascándose en la garganta,
enlazándose en las palabras,
hasta callar,
por no besar.

Ahora una piel para mí,
es una piel.

Ha pasado un año,
hemos pasado un año,
y el hombre de los folletos sigue estando junto al buzón de correos,
más helado,
más cansado,
más ausente,
y con otro niño.

Hoy me he guardado el papel en el bolsillo
cuando he visto un océano de folletos,
tristes,
huyendo en remolinos de viento
como hojas falsas de invierno,

quince pasos más allá.

lunes, 18 de noviembre de 2013

'Y nada, que...'


Ahora cuando llega frío me doy cuenta de que echaba de menos arroparme hasta arriba y poder salir a la calle con esos jerséis de manga larga (de manga dada de sí hasta la mitad de la mano*).

O a lo mejor es una simple excusa que pongo para no decir verdades desde mi ventana. Que la lluvia es más bonita cuando lleva un vestido gris. No sé si me entendéis. Que a mí me gusta más (como ya sabéis) cuando todo va acorde con mis ojeras y cuando el rimmel no acaba por los suelos.

Fíjate que he procurado vestirme de flores y nada más abrir el armario se han marchitado. Imagina cómo se han quedado mis labios al verlo.

Para que lo entendáis, algo parecido a esa sensación que se queda cuando llevas tantas horas en otoño que hasta los huesos se agrietan. Así respondieron al ver los restos de rosas. Así que esta noche dejaré preparada la ropa para mañana, no vaya a caducar o algo así. O no se vaya a olvidar de mí.

Y nada, que
sólo quería joderos noviembre.

martes, 12 de noviembre de 2013

Iniciación al corazón mecánico.

 
La primera regla es que no tienes que leer ésto,
ni saber que existe,
ni querer que exista.
La segunda, es que no tienes que creerte nada,
porque te voy a decir la verdad
a medias
sin ligero,
para que se deslicen por mis piernas
como ya no lo haces tú.
La tercera tiene algo que ver con que no te quiero,
o que te odio.
"A ti,
por ser tú;
(joder, ojalá no lo fueras):
Me he prometido que no te iba a escribir nunca más, 
pero me he quedado sin chocolate puro 
y tú eres la segunda cosa menos dulce que se me ha ocurrido. 
No voy a decirte nada bonito, porque ésto es una desdeclaración de principios
y yo soy de finales
de cine negro.
Escribir es lo más parecido que conozco a volarse la cabeza con una pistola, y este folio todavía está muy blanco como para entender que tiene la culpa de todas las desgracias del mundo,
de la pena,
del suicidio,
de la muerte,
del colchón vacío,
del cielo gris,
del amor,
y eso es lo más aterrador.
Ni tú me querías, ni yo sabía cómo fingir que no me importaba
ser tu segundo plato frío,
tu número para aburrimientos de emergencia,
tu niña que volver mujer a base de malas noticias
de las que me tenía que enterar yo.
Creo que todavía no sabes ni en qué piso vivo,
y yo intento olvidar la contraseña de tu WiFi,
el color preferido de tu hermana,
y cuántas cucharadas de azúcar se echa tu madre en el café.
Voy a serte lo más sincera que puedo,
porque puedo poco:
siempre pensé que tenías una luz dentro, capaz de iluminar el mundo,
aunque jamás me diste un poco.
A veces robaba unos rayos en tus ojos cuando hablabas
y la voz te cambiaba tanto como el mar de noche;
parecía encontrarla entre dos caricias en las manos,
cuando te dejabas consolar, apretando los puños;
cuando me explicabas el por qué de ti, de ti entero,
y yo te creía porque eras bueno,
a solas,
siempre a solas.
A solas yo me corto los labios
practicando sonrisas.
Te odio casi como si en algún momento
me hubieras llevado en el manillar de la bici 
al borde de un infarto,
y te hubiera sentido sonreír contra mi mejilla
al gritar cuando casi nos mata un coche;
como si me hubieras convertido en un fantasma
del que dejaste de acordarte a las dos horas de estar sentada
observándote mirar tu ordenador sin que me vieras;
como si te hubiera despertado muchas veces envuelto en sábanas,
y me hubieras llamado aún durmiendo
"mamá, cinco minutos más" con la madurez aún despeinada;
como si hubieras silenciado mis palabras a besos
para no tener que oírme preguntarte
qué era lo que estábamos  haciendo;
como si te hubieras aprendido una canción de Sabina
sólo porque te dije que fue mi primera razón para escribir,
y tuvieras celos de sus versos;
como si te hubiera gritado toda la rabia que existe,
y me hubieras convencido a base de miradas al suelo
de que todo iría a mejor,
siempre a mejor,
que lo prometías;
como si hubieras señalado en el cielo constelaciones
que sólo se pueden ver desde Perú,
diciendo algo que no recuerdo, 
porque te estaba mirando inventarte el firmamento entero,
mientras yo hacía como si la Cruz del Sur se viera perfectamente.
Y te odio,
de una forma absoluta como el tiempo,
como si en algún momento, en otra vida,
en otra alma,
te hubiera preguntado si yo te hacía feliz,
y tú hubieras dicho
sí.
nunca me lo preguntaste a mí



Creo que lo que más miedo me da de todo,
es que he cerrado los ojos y he reconocido tu olor
incluso antes de que te asomaras por mi hombro. 
Que tus manos siguen siendo tus manos aunque no me toquen,
y eso es de ser muy hijo de puta.
Y podría regresar,
y dejar que fueras tú otra vez
conmigo,
si no fuera porque vives del dolor que creas
buscando algo de amor para llegar a fin de mes.
Para ti el amor es amor,
absoluto y puro,
sin personas, ni distinción, ni tristeza, ni dolor, ni sangre, ni sudor, ni lágrimas;
y al amor sin éso no vale la pena matarlo,
y yo sin muerte no lo quiero.
Después de todo,
sigues estando tú,
y tu risa,
y tu olor,
pero yo no."

sábado, 5 de octubre de 2013

De los que llevan la sensibilidad al lado del ticket del parking.


Dejad de leer como si fuera a deciros de qué va el mundo,
porque si supiera qué hacer con lo que tengo,
lo juro
no sería ésto

lo que me gustaría explicaros
es que me he reído de mi padre sólo porque ni en su boda consiguió
que su vals pareciera algo que podría ser un vals,
de niña nunca me he subido a sus zapatos porque me caigo
ni mi madre ha tenido su baile lento en una noche estrellada
a 5 grados
pero oye
es de los que te coge por sorpresa en la cocina
y te da mil vueltas
hasta que casi te desmayas sobre sus brazos de puro susto
y resulta tan torpe moviéndose de un lado a otro al ritmo de Coque Malla
que bailar pegados no es bailar
si no te ríes

y nosotros sí que bailamos



quizás si somos unos egoístas
que miramos a ver cuánta propina dejan en la mesa de al lado
fingimos que no hemos oído la llamada
elegimos las fotos en las que no salimos tan mal
y permitimos el amor siempre y cuando nos trate bien
porque nadie nos ha dicho que éso no existe

pero luego
cogemos el folleto a la gente que los reparte por la calle
porque no sabemos decirles que no
y lo pasamos mal disimulando cuando lo tiramos
le sostenemos la puerta al señor de atrás
que la deja cerrarse en las narices del siguiente
pensando que es la última vez
mientras lo hacemos cada día
escuchamos a la gente cuando habla para que no se sientan mal
y casi nunca nos enteramos de qué dice
intentamos dejarle los platos más o menos ordenados al camarero
pero siempre ponemos mal los cubiertos
y andamos con la vista en el suelo
con miedo de cruzarnos en la mirada de alguien que busca a otra persona

joder

que no he perdido el tiempo
que me giré un momento y ya no estaba


imagínate cuánto nos mentimos a nosotros mismos
que ya hablamos por mensajes para no tener que oírnos
y aún así la gran mentira
es que nos crean

somos los que pensamos que los domingos son especiales
y miramos por la ventana, esperando algo
que siempre nos deja plantados
envidiando a la gente que vemos andar muy deprisa
en verdad no van a ninguna parte
pero no se paran para no darse cuenta
y las viejas de los portales no les saludan como a nosotros
ni les bendicen cuando les coges las bolsas del super



ojalá que nunca nos digan que somos buenas personas
no vaya a ser que lo seamos de verdad
y ya sea demasiado tarde





ay
dejad de hacerme caso
que sólo digo cosas serias