viernes, 8 de marzo de 2013

Se cisne.

Poesía es verte bailar, 
sin dejar de hacerlo.
Aunque tu mirada cansada, 
llueva porque no puedas más.
Notas tus huesos rompiéndose poco a poco, 
y tus pies casi muertos, 
pero no dejas de bailar.
Con cada movimiento, 
desparece la niebla.
Y yo, 
sintiéndome, no sé, 
quisiera ser tus puntas, para bailar contigo.
Me encanta cuando bailas, 
porque estás como preciosa, 
estás como cisne.
Qué envidia, 
quizá.

lunes, 4 de marzo de 2013

Sin embargo, eres.

No sé si has sospechado alguna vez que existes de una forma distinta a la usual. -tú preguntarás qué forma es la correcta de existir, y yo, (que a día de hoy desconozco cómo funciona la luna) tendré que morderme los labios para no contarte todavía que eres musa de cada tachón en el papel. O para no besarte.- Así que si algún día (de ésos en los que estoy a punto de llover) bailas, por favor, no mires cómo la primavera cruza cada estación para enredarse en tus tobillos, y te hace acariciar descalzo la moqueta. No. Déjame primero escribirte mientras existes, para no perdernos Luego te enseñaré a morder la música, y me harás latir por un rato.

lunes, 25 de febrero de 2013

Neftalina



Amigo mío:
(¿Podré todavía llamarte amigo? No sé. Tu número sigue en mi memoria para casos de emergencia, pero ya nadie me ayuda a decidir si los lunes sin tu piel pueden considerarse crisis.)
Ayer llovió. Sé que no te gustan los días lluviosos porque el gris te parece un color melancólico, y tú necesitas siempre seguridad bajo esa apariencia despreocupada y ruda que intentabas mantener cuando hablabas conmigo.  Recordé que a veces, mientras te veía perder la mirada en la lluvia, tus pupilas llegaban a parecer de plata viva. Nunca te lo dije, porque quería tu nostalgia oculta sólo para mí. Es extraño cómo el agua encharca las calles de la misma forma que nos encharca los recuerdos, que ahora acaricio con miedo a que se disuelvan y me hagan creer que nunca te vi morderte el labio al hablar de música. Me río cuando pienso en cómo enrojecían tus orejas al discutir, cuando intentabas que tu rock y tu dancehall sonaran antes que mi rap y mis canciones preferidas de jazz. En momentos como ése tus brazos zanjaban la cuestión rodeando mi cintura desde atrás, (tu voz en mi oído ha sido tu mayor composición). Aún así, mientras dormías te tarareaba en voz baja a Louis Armstrong para vengarme, y si alguna vez te diste cuenta, nunca lo supe. Me gustabas más pensando que me escuchabas en silencio desafinar sobre tu pelo.

¿Tu ropa sigue oliendo a mi perfume barato? De él ya tan sólo quedan unas pocas gotas. No me atrevo a gastarlo ni a comprarlo de nuevo; puede que esté destinada a encontrar otro olor que hacer mío, ya que ése se ha adherido a tu recuerdo. Mientras, me limito a mirar de reojo el poso de la fragancia que buscábamos cuando alguien pasaba por nuestro lado. ¿Vuelves a tener unos ojos que querer encontrar entre la gente? Una parte de mí se resiste a no tener derecho a que se me anude el pecho cuando una chaqueta parece la tuya. La otra espera que alguien pueda calentar tus dedos en su mejilla, porque no te gusta la sensación de muerte en las manos. Hace tiempo hallé un brillo en los ojos parecido al de los tuyos y le escribí algunas páginas, pero no llegué a dedicarle un perfume.

Cuando te extraño demasiado, recupero a Neruda de la estantería. Recito bajo el agua caliente su Canción Desesperada, porque sus Veinte poemas ya no hacen cosquillas como cuando los musitaba con la taza de café apoyada en los labios, mientras te veía guiñar los ojos con los primeros rayos de sol. Tampoco quiero recordar cómo decías que tu camisa era arte cuando la llevaba puesta yo por las mañanas, y me hacías regresar a la cama a base de mordiscos en los hombros y promesas sobre dormir hasta que se apagara el mundo. El tacto de tus calcetines sobre mis piernas todavía consigue protegerme de los monstruos, pero no de mí.

Pero ambos sabemos que tú ya no creas otros universos paralelos donde puedes besarme de mil formas distintas sin abrir los ojos. Ya no puedo respirar tranquila llamándote amigo, ni vas a volver a hacer bailar a cada una de mis terminaciones nerviosas con un simple roce bajo la mesa. Sería demasiado fácil contarte que te he olvidado, porque jamás has sabido encontrar una mentira si te la regalo riendo. 



Déjame, 
amigo,
hoy quiero estar triste
sin ti.

domingo, 24 de febrero de 2013

Como si no fueras musa.

 
Su tristeza era lluvia.

Decían que la lluvia sólo alegraba a los locos
-pero quién no iba a estarlo;
ella llevaba zapatos grises y sonrisa de poeta-
aunque nosotros jamás
(y, quien dice jamás dice
todo el tiempo que se te enreda en el pelo los domingos)
hemos sabido comprender un paragüas.

Venecia nunca te gustó inundada,
y a veces,
entre el tintineo de las copas contra la encimera,
se te escapaban por los labios las luces que robas a París,
buscando iluminar la oscuridad que,
-disculpa si susurro, pero el vecino nos mira-
somos.
Me acostumbré a verlas correr,
como si persiguieran cometas de sombras
(las mías)
por tus pómulos de faraón tardío.

No te dije que las robé para escribir versos,
                                                                                                                                                           y fuiste magia en asonante,
                                                                                                                                             porque tus lágrimas forman el Nilo,
                                                                                                                                                                       pero con más cauce.

¿Todavía, tras tanto tiempo,
a oscuras,
quieres bailar?

He huido muchas veces, muchas,
pero siempre se me tropiezan los pies,
de esa forma ridícula de payaso mudo,
con alguna esquina de tu piel de nieve,
-hace años que finjo
que no soy yo quien nieva-
y me escuchas despotricar contra el mundo,
sin apenas inmutarte,
como si de verdad emitiera algún sonido.

No me conoces, pero casi,
y  éso basta para  que te regale el otoño envuelto en periódico,
por si se rompe,
porque yo sí sé que te gustan las manchas de tinta sobre cada objeto,
(te cuentan historias cuando duermes, y yo
no duermo.)

Así que no preguntes,
deja de mirar por la ventana y vístete,
de alegría,
o se nos va a hacer tarde para quedarnos en casa,
oyendo cómo las nubes golpean con timidez el cristal.

                                                                                                                                                                               Déjalas,
                                                                                                                                                                       no estamos.

La tormenta se acerca, pero tú quieres ver cómo el cielo,
un caleidoscopio de rayos,
te electrifica el pecho.

El mundo parece existir febril durante unos instantes,
y pequeñas hormigas con corbata empapada,
intentan poner a salvo su desesperanza,
para el invierno.

No sé si recuerdas que una vez dije
que a veces yo también tenía miedo de andar descalza,
por si no puedo correr lo bastante rápido,
-tú preguntaste hacia dónde,
y con boca de hormiga, yo
respondí que a casa-

Han pasado años, y reconozco que no sé de qué casa hablo.
Sin embargo, he pisado charcos en calcetines,
porque me dijeron que era de locos,
y quiero que sepas que quiero tu tristeza.

Ven,

a mí sí me gusta que llueva

 

sábado, 12 de enero de 2013

Recuerdo aun el primer día cuando entre a un conservatorio, parece que fue ayer. Tenía 8 años, y me encontraba rodeada de niñas de mi misma edad en una habitación con el suelo de madera, un enorme cristal que ocupaba una pared entera y como una barandilla enorme, desde entonces he ido creciendo en esa habitación y con el mismo ambiente. He tenido que ver como compañeras se quedaban atras, he tenido que soportar ser la peor de la clase y también la mejor con escedencia, y también, he tenido que decir adiós a personas que en sus tiempos marcaron mi vida, tanto como compañeras como profesoras. He sentido las lagrimas cayendo sin poder reprimirlas por agotamiento, y he sonreido sin quererlo, he visto como mi mundo se me echaba encima cuando tenía que subir a una tarima a exponer lo que llevaba años aprendiendo en 5 minutos a 5 profesores y con el unico acompañamiento de mi profesor de piano, pero también he dado un paso subiendo a esa tarima cada año. He aprendido a caerme, y a levantarme, a caerme de nuevo pensado que no podía levantarme y conseguirlo, y cuando pensaba que ya no me la podía pegar mas fuerte contra el suelo, me volvía a caer. Desde que tengo memoria, mi cabeza lleva grabada con sangre y lágrimas la misma frase: Talón, punta, talón. He tenido una frase que es la que me ha ayudado a continuar que ha sido: "Si nadie te dice que es imposible, lo conseguiras, así que, que le den a esas personas que digan que es imposible." También he aprendido a sudar en una habitación con la frase: "Cuanto mas se suda en el entrenamiento, menos se sangra en la actuación." He sentido como mis piernas no ponían más y algunos tendones se desgarraban por si solos, dejando mi vida durante un año aparcada en la calle del olvido teniendo que retomar después de una escayola y reabilitaciónes. Me he mirado en el espejo haciendo cosas imposibles para mi y viendo como me caían lágrimas de sufrimiento mientras sonreía porque, yo puedo conseguir todo lo que me proponga. He sentido que volaba, cuando en realidad solo me estaba cogiendo un compañero y me estaba alzando hacía arriba. He bailado con todo el rencor y enfado que se puede tener en las venas, creyendo que no lo conseguiría y consiguiendolo. Aun las recuerdo a ellas, a mi vida:
Tengo tatuado a fuego en la cabeza cuando después de meses lo conseguí:
Y después de 8 años, me sigo haciendo la misma pregunta "¿Como podre dejarlo algun dia?"

sábado, 24 de noviembre de 2012

Cuentale la verdad.

Dile a la tristeza que vas de su parte, cuentale que el silencio que quedo entre vosotros no lo apago el despertador, cuentale la historia que tanto te enerva, que tanto te duele, esa que te recuerda los mejores momentos que ahora has perdido. Te hiciste una promesa que nunca pudiste cumplir, no la quisiste para siempre y eso te duele mas a ti que a ella. No recuerdas su sonrisa, ni su voz, ni su risa, ni su mirada, ya no recuerdas cual era el color de sus ojos, mientes si dices que la quisiste llevar al país de Nunca Jamás porque acabasteis en la Calle del Olvido. Redactaste en una hoja un futuro con ella, y la quemaste con tu primer cigarrillo, quisiste dar la vida por ella pero la dejaste marchar sin luchar intentado entender porque no tenías posibilidades con ella. Le decepcionaste porque te convertiste en algo que nunca diijste que serías. Fuiste su melodía pero acabaste siendo un silencio más de la partitura.

martes, 2 de octubre de 2012

Recuerdame.

Cierra los ojos, echa la vista atrás y recuerda los momentos mas felices de tu vida, esos momentos de los que te acordaras siempre, los que por nada del mundo olvidaras, sigueme. Porque puedes lamentarte día tras día, noche tras noche, lágrima tras lágrima. ¿De verdad crees que es necesario? La vida esta para disfrutarla, para vivir cada momento uno tras otro, para sonreír por las cosas pequeñas que nos ocurran y para borrar esos malos momentos que quieran abatirnos. Despierta cada día, vive la vida que te ha tocado y piensa que eres afortunado por lo que te ha tocado, sonríe por tu existencia y no dejes que nadie por nada del mundo te la amargue. Lucha por para que cada segundo de tu vida sea un momento para recordar y recuerda también que no estas solo que hay muchas personas ahí que están para ayudarte, para levantarte si te caes, para sonreirte si tu no sabes hacerlo y para que al final lo hagas. Porque si no nos tenemos los unos a los otros. ¿Qué tenemos? Piensa, toma el camino correcto, no dudes, haz lo que te venga a la mente pero siempre acertando, aunque si te equivocas, nadie tiene el derecho a corregirte, porque estamos hechos para equivocarnos, para dar un tras pie tras otro hasta conseguir la opción correcta. Si tienes que llorar, llora hasta que no queden lágrimas que soltar. Si tienes que gritar, grita hasta que tus cuerdas vocales no vibren más, y sobre todo nunca te avergüences de tus actos. Si tienes que querer, quiere. Si tienes que amar, ama. Si quieres ser feliz, no dejes que nadie te impida serlo, porque recuerda, que si sonríes, eres inmune a todo.